El editorial, 1ª temporada

Programa especial 7N de apoyo a la Marcha Estatal Contra las Violencias Machistas

Editorial contra las violencias machistas:

Programa 10:

Nosotras queremos ver y oler las flores. Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos. Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris y de los que nos vendaron los pies.

Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina. Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía.

Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado. Y del que nos despidió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas. Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir a riesgo de nuestras vidas

Queremos flores del que se protege del mal pensamiento obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo y Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte.

Queremos flores de los que nos quemaron por brujas. Y nos encerraron por locas.

Flores del que nos pega, del que se emborracha. Del que se bebe la comida del mes.

Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos testimonios.

Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género.

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos donde el agua de nuestros ojos se hace lodo; arenas movedizas que nos tragan y escupen.

De las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.

Queremos el jardín del que nos expulsaron.

(Poema de Gioconda Belli.)

Programa 9:

La cárcel como sala de espera de vidas muertas en tiempos de letargo. Muchos entran con billete de segunda vuelta, dejando al aire las vergüenzas de una sociedad que no reinserta. Hay quienes arrastran grilletes que dejan en herencia a unos vástagos a los que nunca vieron crecer. Prisiones que no educan, que no construyen, que asilan, que burocratizan a las personas. Somos prisioneros de un sistema penal que pisa pies descalzos, que castiga con rigor la desigualdad y encierra entre barrotes muleras y parias. A la cárcel suelen ir siempre los mismos, los que habitan nuestro olvido.

Por mucho que lo repita tu televisor, no se convertirá en cierta la falacia de que nuestro derecho penal es blando (es uno de los más duros de Europa). Por mucho que lo leas en tu periódico, no será cierto que el delincuente tipo lo es por cometer delitos graves (no llegan al diez por ciento).

La sombra del fracaso de nuestro sistema carcelario es tan alargada que, centrado el proceso penal casi exclusivamente en el castigo, se eclipsa a la víctimas y sus intereses sin poner el acento en la efectiva reparación del daño. No se prima el perdón, la reconciliación, la empatía o la asunción de responsabilidades.

Decía el poeta: “En este sitio maldito, donde reina la tristeza, no se castiga el delito se castiga la pobreza.”  Ahora sí, bienvenidas y bienvenidos a pAn de leyes.

Programa 8:

Desde el inicio de esta estafa, a la que llaman crisis, se nos ha bombardeado diaria y repetidamente con la idea de que la economía lo es todo.
Y claro, yo soy de letras… Desde luego se sumar, restar, multiplicar y dividir, pero no parece suficiente cuando de lo que se nos habla es de deuda pública, la prima de riesgo, los bonos del tesoro, la bolsa o los mercados secundarios.
Y así resulta, que las grandes decisiones de nuestro país, esas que nos afectan tanto en nuestro día a día vienen condicionadas por esos conceptos.
Por ejemplo, ¿qué significaba la palabra “rescate” cuando la refirieron a los bancos? Y como nos sorprendimos cuando, después de recortes y meses sin dinero para lo esencial, aparecieron millones de euros que entregamos a los bancos…
Qué miedo se pasa cuando no se conoce, cuando no se sabe, cuando no se entiende… Cuando nos abandonamos a la sapiencia, ciencia o conocimiento de otras personas, que vaya usted a saber, qué intereses tienen….
Y así caminamos, ignorantes. Sin poder seguir la ingeniería financiera que construye senderos para ese capital que financia guerras, que especula con los alimentos y la tierra, que compra y vende armas o mano esclava.
El dinero es ese pasaporte dorado con el que se puede ejercer cualquier derecho: movernos libremente por el planeta tierra, gozar de salud, poder vivir cerca de nuestras familias, educación, libertad de expresión…. Pero es también el pasaporte a las democracias desdibujadas por imperativo de imposibles conceptos y teorías que no mencionan los derechos humanos y que elaboran los mismos gurús que hoy nos dicen que nunca previeron que los bolsillos de las clases medias y bajas estallarían en mil miserias.
Nada nuevo bajo el sol, poderosa dama es la moneda.
Ahora si, bienvenidas y bienvenidos a pan de leyes.

Programa 1: 

El pan es la base de la alimentación de muchas civilizaciones. No solo es sano, sino que además está buenísimo: piensen en el pan de pueblo, el de millo, el de centeno, el que lleva mata la uva… o el pan bizcochado. Ahora que hay qué tener cuidado, porque si el pan tiene aditivos o conservantes, o incluso si lleva azúcar, puede ya no ser tan bueno para la salud.

Pues bien, las leyes son como el pan.

Las leyes también conforman la base de toda civilización, ya que sirven para organizarnos en sociedad. Las leyes afectan cada segundo, cada minuto de nuestra vida diaria.

Las leyes no son buenas por si mismas, por eso tenemos que tener cuidado y estar atentas. Por eso los barrios y las calles tendrían que tener la audacia de acercarse, sin miedo, al mundo del derecho. Porque con estas normas nos jugamos mucho, pues ellas expresan los valores e intereses de un grupo. Bueno, o al menos de quienes mandan en ese grupo.

Porque la justicia es algo muy importante, no podemos consentir que quede sólo en manos de juristas.  Y es que el conocimiento en manos de unas pocas personas siempre ha sido un instrumento de dominación.

En este programa vamos a humanizar el derecho, ponerle brillo y darle luz. Ya verán como bien explicado, es útil y divertido. Nos acercaremos a las leyes para saber de qué están hechas, a qué intereses responden, y verdaderamente a quién o quiénes alimentan. No vaya a ser que sea a unos pocos a los que le toque el pan recién hecho y haya pan duro para los de siempre.

No queremos que nos miguen el pan en un plato sin más opción que la de que se nos sirva como papilla que tragar, comer o engullir….

Porque estamos convencidas que el derecho ha quedado en manos de unas pocas personas, a base de un muro que se levanta con códigos, giros, expresiones y palabras complicadas que revisten a las normas de unas contraseñas imposibles para la gente de barrio.

Por eso mismo, aquí apostamos por un buen derecho y unas normas cercanas que se expresen con palabras que podamos entender todos y todas.

Porque si es cierto que las leyes, conforman lo que somos, ya es hora de que empiecen a hablar el lenguaje de nuestra calles.

Programa 2:

Como las normas y las leyes, como el pan que nos alimenta…. los espacios públicos también son de todos y todas, y para todos y todas.

Los espacios públicos son el escenario en el que podemos desarrollar y ejercer nuestro derecho a la ciudadanía. Son lugares que se convierten en parques o en pabellones de deportes o en avenidas, calles o paseos peatonales… Son esos lugares que humanizamos a fuerza de presencia: mujeres, hombres, niños, niñas…que aún no conociéndose, y siendo por tanto extrañas, pueden convertirse en personas que, por un rato, compartan intereses, juegos, aficiones…

Los espacios públicos tienen que ver con decisiones de organización de los espacios para el disfrute colectivo. Y son lugares para la sociabilidad y la equidad.

La presencia de estos lugares en un pueblo o ciudad mejoran la calidad de vida de sus habitantes porque permite la diversión, y ofrece tiempo de ocio gratis. Aire libre, carreras, deporte, columpios, bancos en los que tomar sol o leer un buen libro…

Pienso en los espacios que me rodean….

 ¿Qué día disminuyeron las zonas verdes de todas y todos? ¿Qué día descendió el número de preadolescentes que iba a enamorarse a los columpios, junto a las fuentes? ¿Quiénes fueron los primeros ancianos y ancianas que marcharon a casa sin encontrar un banco en el que tomar unos rayos de sol?

 A lo mejor fue ese día en el que los centros comerciales crecieron como las setas y pasaron a llamarse centros de ocio, ese día que privatizaron nuestras zonas públicas para un negocio de pocas manos. Estos espacios dirigidos al consumo, que son conocidos por algunos sociólogos como “no-lugares”, por carecer de identidad propia, no ser la sociabilización el objetivo, y carecer de historia. En resumen, esos espacios a los que  si nos llevan con los ojos cerrados, al abrirlos en su interior podríamos estar en cualquier lugar del mundo ante la puerta de Zara, H&M o la tienda de Disney.

Una democracia de calidad es la que da voz a los barrios para que participe en los procesos que organizan los espacios públicos, favoreciendo de esa manera que los espacios, al ser ocupados y utilizados se vuelvan más seguros.

Porque si es cierto que los espacios públicos conforman nuestro tiempo libre, ya es hora de que empiecen a hablar el lenguaje de nuestras calles.

Programa 3:

Mío, Tuyo, Suyo, De ella, nuestro, vuestro, De ellas.

La propiedad privada es la que permite a los individuos o entidades empresariales obtener, poseer, controlar, disponer de o dejar en herencia tierra, dinero o cosas. Lo mío es mío, y lo tuyo, tuyo.

La propiedad privada constituye la riqueza de lo que tenemos, o la pobreza de aquello que nos falta. Nos permite, lo privado, disfrutar de lo que nos pertenece: el coche, nuestros libros, el teléfono, la ropa… Y compartirlo con quién o quiénes decidamos.

La diferencia entre la propiedad privada de las y los que más tienen, y de los y las que menos tienen, se llama desigualdad. Y una desigualdad muy acusada, perjudica seriamente la salud de una sociedad. Nunca supimos que España batía record de desigualdad, en Europa, hasta que el empobrecimiento nos estalló en la cara.

Y esta diferencia que crece cada día, como fruta ya madura, cae con fuerza sobre los débiles salarios y las empresas pequeñas y medianas, y nos muestra su cruel rostro con aumento de la pobreza infantil, del fracaso escolar, suicidios, desahucios, alcoholismo, paro, salarios ínfimos, limitación de prestaciones sanitarias…

Cuando, como ahora en España, el 1% de los españoles enriquecidos tiene más que el 70% de las y los españoles pobres; creo que podemos convenir que esto es un mal arreglo para la mayoría. Y cuidado con esto, porque es más que posible que en la medida en la que esta situación no revierta, vaya conformándose un caldo de cultivo para la violencia, la inseguridad ciudadana y el odio, contra la que no podrá ni la represión ni el código penal más agresivo. Porque la paz solo camina de la mano de sistemas sociales y económicos justos.

Por eso, no deberíamos dejar de soñar con una sociedad con un nivel de desigualdad aceptable y sostenible, es decir, un sistema en el que se prime de forma suficiente la iniciativa y el premio para crear riqueza, al tiempo que no se alcance inestabilidad social por empobrecimiento de sus gentes.

Porque la incontable riqueza de unos pocos impone la pobreza de muchos, ya es hora de que exijamos justicia en nuestras calles.

Programa 4:

La composición de las familias responde, en la mayoría de los casos, a estructuras predeterminadas socialmente. En algunos países de África, un varón puede tener varias mujeres. (Se llama poligamia). Y sin embargo se prohíbe y castiga con duras penas, si dos personas del mismo sexo quieren fundar un hogar.

Hay sociedades, como la española, en la que ahora mismo, existe una gran diversidad de familias: las hay mono-parentales y otras con dos adultos de referencia (ya sean de igual o distinto sexo), hay padrastros e hijastras que conviven bajo el mismo techo y madres e hijos que solo se ven en semanas alternas. Hay familias numerosas y familias en las que llegan a convivir varias generaciones. Hay familias con descendencia de adopción, tengan o no biológica. Y también hay familias acogedoras.

Sin embargo, y a pesar del optimismo que contagia tanta diversidad familiar, parece que aún sigue perdurando un tipo de familia preferente (esa que siempre ha acaparado todas las bondades sociales): papá y mamá con descendencia biológica. Esta tradicional estructura social, herencia directa del derecho romano y la cultura cristiana, enraíza con una forma de gobierno nuclear, en el que el padre era reconocido como la máxima autoridad familiar.

Pero, incluso en esto, encontramos importantes y muy positivos cambios: Así en las familias biparentales de varón y mujer,  las diversas conquistas sociales y el reconocimiento de los derechos humanos y de la infancia, va logrando importantes cambios: El papel de la mujer en la familia varía, al tiempo que los varones se reconocen en experiencias, miedos y sentimientos antes reservados solo para las féminas. Las hijas y los hijos dejan de ser propiedad de los padres, para convertirse en sujetos de derecho que merecen ser oídos, atendidos, cuidados y tenidos en cuenta para su felicidad.

¿Y qué decir de esas felices parejas de lesbianas, o de homosexuales, que por fin han visto reconocido su derecho a formar familias?

Podríamos decir que hay familias que son lanzaderas para la vida libre. Y familias que representan prisiones sin barrotes. Están también, las que atrapan y enredan entre marañas de sentimientos, culpas y reproches. Y las que tejen caminos llenos de afectos y cuidados.

Hay abuelas y abuelos con más de ochenta años a la espalda, jugando a las pajaritas con los nietos en el parque. Hijas e hijos que lo perdonan todo, y madres y padres que bajan a por sus retoños al infierno.

Familia es, sin duda, una palabra con un significado cargado de emociones, de posibilidades, de lucha y como no, de futuro.

Programa 5:

Comimos de una única tarta que, felizmente, nos repartíamos entre muchas y muchos. Y en el lecho de la burbuja inmobiliaria, dormíamos el letargo de una España que decían que iba bien. Nos acunaba el estado de bienestar con trabajo, casa, sanidad y educación para gran parte de la ciudadanía. Tomábamos píldoras para dormir, en forma de coche, vacaciones y consumo de “todo a cien”.

Al tiempo que dormitamos, no fuimos capaces de darnos cuenta que  gran parte de los trozos de aquella tarta se hacían más pequeños; mientras se hacía inmensa la ración de unos pocos glotones.

Pero el sueño era pesado, y ni el hambre incipiente nos hizo despertar.

Fue necesario ruido, mucho ruido; paro, recortes, limitación en las prestaciones sanitarias, frío en los colegios y las casas, corrupción. Y un montón de chavalas y chavales gritando en las plazas: “Democracia Real Ya!!!!”

Y con ese estrépito se espabilaron las neuronas que habitan nuestras calles y barrios, y empezamos a preguntarnos: ¿cuántos votos necesitamos meter en la urna de los colegios electorales de nuestros pueblos para lograr representación? ¿Valen lo mismo las papeletas de unos territorios y otros? ¿Basta con votar una vez cada cuatro años para llamarnos democracia? ¿Por qué no recordamos el último referéndum que votamos?

Nos miramos, a conciencia, en el espejo de la democracia para ver si nos reflejaba. Pero al enfocar nuestra mirada, no vimos más que imágenes de la televisión.

Programa 6:

Los derechos humanos se escribieron y pactaron para ser gozados y disfrutados por todas las personas que habitan el planeta tierra.Incluye eso, por supuesto, a las mujeres, a los negros, a las niñas y niños. E Incluye también a las personas griegas o a las migrantes, a las personas homosexuales Y a las presas. También incluye a las personas paradas, a las discapacitadas, a los hombres y las mujeres que no tienen casa, o a los que teniendo un hogar no pueden pagar la luz y el agua. Si, y también se escribieron para las personas empobrecidas, y para las analfabetas.

Ya sé que ustedes me dirán que cuando la Declaración de los Derechos Humanos habla de justicia, libertad y paz puede que solo se refiera a los y suertudos del planeta tierra. Esos que pueden expresarse libremente porque no temen perder su puesto de trabajo, o esos y esas que pueden pagarse asistencia letrada.

Ya, claro… porque cuando esta declaración habla del derecho a la vida, parece que no incluye a las que arrastran su pobreza de madres a hijas. Y cuando prohíbe la esclavitud, una mira la etiqueta de su camiseta (y de las de su alrededor) y se sonroja pensando en la mano esclava que la cose. O cuando se prohíbe el trato degradante, esto ya va al gusto porque seguro se nos ocurren muchos ejemplos.

¿Y ese derecho a salir libremente de un país? Dan ganas de llorar si pensamos en los  millares de personas refugiadas que no encuentran países de acogida… En fin…
Podríamos seguir con más derechos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: la libertad religiosa, o la libertad de expresión, esa que recordemos porque no ampara solo a la opinión de las corrientes mayoritarias o de poder….

En fin…. Podemos seguir con el derecho al trabajo, a vacaciones pagadas, a la seguridad social, el derecho a la reunión pacífica, el derecho a la cultura y gozar de las artes, el derecho a un nivel de vida adecuado que asegure condiciones dignas para la vida familiar, el derecho a la educación gratuita…

Esta Declaración es una hermosa idea que parte de la consideración de que no hay un solo hombre, ni una sola mujer, en la tierra que haya nacido sin dignidad. Y lo que es más, parte de la consideración que no hay acto o acción que pueda hacer que un hombre o una mujer pierdan esa dignidad con la que nacen.

Pero, ¿podemos hablar de derechos? ¿Están acaso vivos? ¿O no son más que un espejismo?

Si. Me dirán ustedes que todavía hay espacios, lugares, situaciones y personas que gozan de estos derechos. E incluso tribunales que reconocen su existencia.Y es cierto. Pero cuando los derechos no son para todas y todos,  entonces no son derechos. Son privilegios.

Porque si es cierto que las leyes, conforman lo que somos, ya es hora de que empiecen a hablar el lenguaje de nuestra calles.

Programa 7:

Olvidar que somos migrantes es tanto como despreciar nuestra propia condición humana. Ni tú, ni yo estaríamos aquí si las personas que nos antecedieron no hubieran migrado.

Sin embargo, hace unos años decidimos delegar nuestra responsabilidad en la acogida y en el compromiso con los parias de la tierra. Y quizá, sin pensarlo mucho, diluimos nuestra responsabilidad fraterna en un mar de egoismo en el que solo cabemos nosotros mismos.

Hemos silenciado la voz de nuestra conciencia con vallas y concertinas,

Y ya ni escuchamos ni oímos los sonidos que aturden los caminos; Los llantos ahogados y silenciosos de las familias rotas por las despedidas, los alaridos de las madres que pierden a sus hijas e hijos, el llanto de los bebes sin agua, de las niñas violadas en frontera, de los niños que se hacen hombres en una patera.

Hemos cerrado nuestros ojos y nos resulta indiferente que nuestras hermanas y hermanos migrantes viajen en barcas infernales; nos da igual que lleven días sin comer o sin beber, que se hagan pis y caca encima, que nos importa que tiren a sus bebes muertos por la borda, o que mueran literalmente de miedo.

Y tan cruel es nuestra indiferencia que al llegar  a nuestra tierra, nada más terminar su viaje les encerrados inmediatamente en cárceles.

Si, es cierto que esto nos la trae al pairo. Porque si de verdad nos importase algo, ya nos habríamos movido, estaríamos organizados para decirle al poder, a las élites y a los que mandan en España y en Europa que nosotros somos diferentes: Que sabemos llorar, compadecernos, acoger, que sabemos escuchar. Que sabemos dar calor al que lo necesita, y que lo aprendimos de nuestras madres.

Digamos con el poeta Rafael Amor:

“No, no me llames extranjero, traemos el mismo grito,
el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras,
antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños,
ellos son, ellos son ellos y no nosotros, los que utilizan esta palabra: extranjero.”

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